La primera separación es tan importante para la familia como para el niño. A los dos años, entrar a maternal significa quedarse con adultos nuevos, en un lugar nuevo, sin entender todavía que mamá o papá van a volver. Es normal que cueste.
Antes de empezar
- Visiten juntos la escuela y conozcan a la maestra.
- Hablen del maternal con naturalidad: qué va a hacer, quién lo va a cuidar.
- Ajusten horarios de sueño y comida unas semanas antes.
- Practiquen pequeñas separaciones con abuelos o tíos.
La despedida
Es el momento clave. Lo que mejor funciona es una despedida corta, cariñosa y siempre igual: un abrazo, una frase («vengo por ti después del lonche») y salir. Quedarse mucho tiempo, regresar al escuchar el llanto o salir a escondidas alarga la adaptación.
El llanto en la puerta casi siempre termina a los pocos minutos de que el adulto se va.

Señales de que va bien
- Llora menos tiempo en la entrada cada semana.
- Menciona a la maestra o a algún compañero en casa.
- Cuenta cosas que hizo, aunque sea con pocas palabras.
- Come y duerme como antes.
Retrocesos normales
Después de unos días buenos puede volver el llanto, sobre todo tras un fin de semana largo o una enfermedad. No significa que la adaptación fracasó: es parte del proceso. La constancia en la asistencia es lo que más ayuda.
Cuándo hablar con la escuela
Siempre que algo te preocupe. Y conviene contarle a la maestra los cambios en casa —un hermano nuevo, una mudanza, un viaje—, porque explican muchas conductas.



